¡Hagámoslo!

Solidaridad, esperanza y perseverancia son algunas de las virtudes cuyas manifestaciones abundan en las historias colombianas. Porque por encima de innumerables adversidades muchas personas hemos labrado, forjado, dibujado, tejido, esculpido e ideado caminos que se ensanchan con manos que se apoyan y sonrisas que se hablan. Desde pequeños gestos hasta enormes transformaciones han dado respuesta a devastadores dolores. Hoy la firma de un acuerdo entre el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia me ha puesto, otra vez,  a pensar en el panorama colombiano y en los sueños por cumplir.

Yo me imagino un salón de clase cualquiera, colmado de las alegrías y temores de niñas y niños que revolotean sin parar, ¿cómo contarles lo que está sucediendo? Tremenda responsabilidad ética la de construir con ellos una idea de lo que eso significa, gigantesco reto dialogar acerca del respeto, la convivencia y el disentimiento, de los errores, los aprendizajes y las nuevas oportunidades. Después de esto, ¿se imaginan la belleza de un niño que habla de sus molestias en vez de manifestarlas a los gritos o a los golpes?

O en una cena familiar, en la que una curiosa niña llegada del salón antes mencionado cuenta lo que construyó en clase con sus pares y usted entra en este cuento, ya iniciado, ¿qué rol le gustaría interpretar? ¿Quisiera ser Juan Negación, Luz Alegría, señor Odio, doña Rabia, señora Esperanza  o alguien más? Cualquiera sea su elección,  ¿cuáles son las implicaciones para usted y para esa niña? ¡Están ahí, juntos, con la arcilla de la vida en sus manos para moldearla según lo acuerden!

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Si la luz esperanza, siempre habrá alguna encendida. Foto: Carlos Rodríguez del Toro. 2014

Pienso también en que gracias a que soy hijo de la ciudad, o a pesar de ello, disfruto mucho del campo y la comida que de allá proviene, del agua que nos ofrece y los paisajes con que enamora. Sé que muchos pueblos indígenas, negros y comunidades campesinas han vivido en comunión con la tierra que les da lo necesario para vivir, como a los citadinos aunque a veces lo olvidemos. Han luchado por sus sueños y desde allá cultivan chagras que fructifican como testimonio de la tenacidad y de la paz interior que juntándose con otras hace comunidad.

Sé que aquí, allá y por los senderos del desplazamiento y la indiferencia existen miles de mujeres que con magistral fortaleza han sabido levantar a los suyos de entre los escombros de guerras que también han peleado, han hecho de tripas corazón para sostener las redes de un tejido social roído y lo han logrado. Recuerdo a mis abuelas, que como muchas mujeres, libraron sus propias batallas por amor a los suyos y les ofrezco mis lágrimas que son lágrimas de admiración y orgullo.

Niñas, y niños, hombres y mujeres, todos juntos construimos nuestra sociedad. Tal como ha ocurrido hasta ahora, lo que seamos será una construcción conjunta, una responsabilidad que nos atañe a todos. Serán nuestras acciones las que nos permitan construir mejores mundos sociales (W. B. Pearce). ¡Hagámoslo!

Esta es mi invitación para que construyamos juntos más redes, más solidaridad y más amor, es decir, quiérase y respétese usted para querer y respetar a los demás (H. Maturana).

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