Dichos para no repetir

 

Como hijo de nuestro tiempo, de nuestro entorno; de las costumbres sociales que han acompañado nuestras vidas crecí oyendo frases que escondían, bajo el manto de la naturalización aprendida, un origen violento. Por ejemplo, para describir a una persona orgullosa decir “primero muerto que arrodillado” pone nuestra imaginaria discusión banal en términos de subordinación y supervivencia. ¿Realmente es preferible que me maten en vez de pedir perdón o aceptar unas disculpas? Creo que hoy nadie toma esa expresión en sentido literal y pasa desapercibida su violencia, por eso mismo uno podría pensarlo dos veces la próxima vez y evitarla. Esta pequeña omisión y su análisis previo, por supuesto, ya es una forma distinta, menos violenta, de enfrentar la situación que sea.

“Matar dos pájaros de un solo tiro” o uno es algo que suena escalofriante. Si la idea es celebrar el pragmatismo resulta innecesario asociarlo con el asesinato. De nuevo, pronunciarlo o no es el resultado de un proceso de discernimiento que nos puede arrojar luces sobre las virtudes de evitar la violencia al hablar. Además, con este y otros dichos con protagonistas semejantes también resulta necesaria una reflexión sobre nuestra relación con los animales, los otros quiero decir.

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¿Le gustaría matar alguno de estos bellísimos animales? Quimbaya, Colombia. 2013. Foto: Carlos Rodríguez del Toro

Algunos periodistas deportivos en sus crónicas o narraciones explican eufóricos como un equipo “perdió una batalla pero no la guerra” o exclaman con júbilo que lo ocurrido en la cancha ha sido una “batalla épica”. Son los mismos que se lamentan compungidos cada vez que registran una muerte violenta relacionada con algún deporte. Desde luego eso no los constituye en autores materiales pero debería llevarlos a ellos como a cada ser humano a repensar cómo nos estamos comunicando, cómo expresamos nuestras emociones.

La violencia de género bien merecería todo un tratado para sí sola, pero vale la pena, al menos, recordar que esta también se da verbalmente. “No sea nena” es algo que siempre he oído dirigido a hombres. Es una asociación, devenida en supuestos sinónimos indeseables: debilidad y mujeres. También existen frases más sutiles pero igualmente transgresoras como los piropos. Esas frases al viento que un hombre exclama babeante a la mujer que pasa. Cuando no existe algún tipo de relación previa el aparente elogio sólo esconde la intención masculina de subordinar a la mujer, supeditándola a factores estéticos  y al reconocimiento de esos factores por parte del hombre que los juzga. No importa si la expresión es burda, poética o vulgar el resultado es el mismo.

Es probable que en este momento usted piense que exagero con algunos o con todos los ejemplos, por eso traeré dos palabras a colación: diestro y siniestro. Alguien diestro en un arte es un maestro y un hecho siniestro es algo terrorífico, doloroso. Seguramente ya sabe en cual dirección voy. Alguna vez, a alguien se le ocurrió que la derecha es la mano correcta para escribir, para persignarse y para mandar, la izquierda no. Otras personas le creyeron, ¿cómo no? si ese es “el derecho de las cosas”. Sí, según el Diccionario de la Lengua Española, hoy diestro además de derecha, significa “Hábil, experto en un arte u oficio”[1] y siniestro, además de izquierda, “avieso y malintencionado”[2] e “infeliz, funesto y aciago”[3].

Todo esto para decir que el lenguaje contribuye a construir realidades, entonces un dicho, un refrán o una frase célebre pueden mantener una cultura violenta en una sociedad y una sociedad violenta mantendrá, entre otras cosas, esas frases, esas expresiones y muchas acciones violentas.

[1] Diccionario de la lengua española. Vigésimo tercera edición. 2014. Real Academia Española. Página 796.

[2] Diccionario de la lengua española. Vigésimo tercera edición. 2014. Real Academia Española. Página 2018

[3] Íbidem.

2 comentarios

  1. Julián · marzo 8, 2016

    Muy buen artículo. Creo que estos dichos, proverbios o frases que despreocupadamente repetimos (no sea marica, ¿ya le llegó?, mas lento que un cojo, etc.) siempre revelan nuestra identidad como sociedad y como cultura, lo que nos hace parecer indeferentes ante las realidades ajenas, discriminatorios y atados a sesgos del pasado. Un aplauso por estos artículos que nos hacen repensar nuestra forma de comunicarnos!!

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  2. La Importancia de Vivir · marzo 8, 2016

    Valiosísima tu reflexión Carlos. Y sobre todo, poderosísima. La programación neurolingüística ha evidenciado los nexos entre el lenguaje y la experiencia de vida.
    El lenguaje crea nuestra realidad, nuestra percepción del mundo, reafirma creencias y tiene un impacto rotundo en cómo somos vistos por los demás. Ni más ni menos.
    Hay palabras que empoderan y palabras que desalientan, frases que pronostican y nuestro cerebro, colaborador él, es exitoso en encontra la evidencia. Así lo que a veces creemos que es azar es solo la construcción de lo que en palabras hemos creado.
    Ser conscientes de lo que esconden nuestras palabras no tiene que ser una tarea inquisidora, y sobre todo, no es recomendable aplicarla a otros. En ese caso resulta jartísima. Más bien puede ser un juego divertido y asombroso que da paso a poderes hasta ahora ocultos.
    Gracias!

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