Que las inundaciones no ahoguen la esperanza ni el entendimiento

Para blog, agua

Curso del agua que irriga las montañas de La Calera, Colombia. 2015. Carlos Rodríguez del Toro

¿Preparados para la temporada de lluvias? Lo pregunto viendo desde mi ventana en Bogotá, a varios kilómetros, el cerro que arde por causa de un verano particularmente álgido. Así es, el centro histórico de la ciudad, donde se concentran el poder político del país, buena parte del poder financiero y varias renombradas universidades privadas, fue cubierto por una espesa nube de humo. Y este es tan solo un doloroso y mediático suceso inmerso en el cúmulo de hechos que por estos días resecan ríos y matan animales y plantas de sed en cientos de veredas colombianas.

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Los Cerros Orientales humeantes y la fumarola que afectó a buena parte de la población capitalina. Bogotá, Colombia. 2016. Carlos Rodríguez del Toro

El manejo dado a los ecosistemas, las prioridades que establecemos ligadas a sus respectivas consecuencias; extracción minera, conservación de fuentes de agua, cultivo artesanal o industrial de alimentos, ganadería, construcción de viviendas o centros comerciales; todo absolutamente todo tiene consecuencias en el medio ambiente. Por consecuencias me refiero al sentido amplio del término y, por lo tanto, al hecho de que cada acción implica reacciones, no necesariamente buenas o malas tan solo consecuencias, a su vez, causas de futuras consecuencias. Es una obviedad de la vida que por su misma condición terminamos interiorizando sin reparar en los detalles.

Cada decisión que tomamos, así como cada suceso natural, deviene en algo ocurrido en un continuo inseparable sin cuya causa no sucedería. Es decir que causa y consecuencia no son lo mismo pero su interdependencia los supedita a coexistir irremediablemente. Ahora bien, si recordamos que cada consecuencia, ya sea de origen social o natural, incide en innumerables procesos y que cada uno de ellos también incide en otros tantos, estamos poniendo sobre la mesa un pilar del funcionamiento de nuestro planeta –y del universo: la interconexión, directa o indirecta, de todas y cada una de las acciones y sucesos entre sí.

Preguntaba, tratando de salir a flote, sobre nuestra preparación frente a la temporada de lluvias. ¡Que llegue ya! Clamarán algunos. Se imaginan el agua corriendo poderosa -pueden valerse del recuerdo de inundaciones y tragedias reiteradas-, haciendo camino presuroso rumbo a su destino y en su trasegar ¡pum! ¡plash! ¡trac! como en vieja historieta los ruidos retumban, son árboles, viviendas, personas y animales rotos o rotas sus ilusiones. ¿Cómo puede ser posible? Un suspiro sollozante, la mirada al cielo y de nuevo ¿yo qué hice para merecerme esto? ¡Puf! Quién les dice que ellos y nosotros estamos amparados por leyes naturales que sumadas a lo que hemos hecho durante días, meses, generaciones enteras explica el horror del lodo revolcado que tanto se llevó.

Volvamos al cómodo sofá y a la nítida pantalla ¿me está diciendo usted que la culpa es mía? Yo soy una persona honesta, trabajadora… Ahora yo, ¡se lo ruego, no se vaya! Si termina de leer tal vez hallemos juntos alternativas para seguir viviendo a nuestro modo pero jugando a cuestionar cosas y a aprender respuestas y a arriesgar caminos; caminos en los que quepamos junto con agua a raudales o con calor tremendo, con animales, plantas, anhelos, seres humanos que piensan distinto ¡Qué maravilla que pensemos diferente! En últimas, caminos forjados por seres distintos hacia horizontes conjuntos.

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Un camino amplio y apacible. La Vega, Colombia. 2015. Carlos Rodríguez del Toro

Mi anhelo es que sus sueños y los míos bajen del mundo onírico convertidos en posibilidades reales de ejecución y que esas realidades contemplen las consecuencias de lo que hacemos y que sepamos que el poder de nuestras mentes y nuestras manos unidas –mas no homogeneizadas- son la fuente para que el agua bese rostros en vez de abofetearlos, para que el sol caliente la esperanza en lugar de incendiarla; para que juntos nos provean alimento y para que nos enseñen a compartirlo con el mundo.

Si nos preparamos para las lluvias, también sabremos entablar conversaciones con las sequías y podremos disfrutar la posterior crecida de un río sin temerle a sus sinuosidades. A mí se me ocurre, entre otras cosas,  persuadir a campesinos y terratenientes para que no ocupen las tierras que nos muestran los ríos cuando se recogen, que mejor sería reforestar aquellas rondas que los protegen, y ¿a usted?

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