De horizontes posibles

  “¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto?
Si resulta que sí, sí podrás entender lo que me pasa a mí esta noche…”
Andrés Calamaro
IMG_0596

Atardecer. Bogotá, Colombia. 2013. Foto: Carlos Rodríguez del Toro

Las conexiones entre las acciones que realizamos como individuos están inevitablemente ligadas a lo que somos en tanto colectivos humanos. ¿Cómo evidenciar dichas relaciones si la mayoría de veces, muchos de nosotros, limitamos –por gusto, ignorancia o necesidad- nuestra comprensión de las posibles consecuencias sólo a lo que podría ocurrir con respecto a la existencia o supervivencia individual, es decir, a la existencia propia? Además, ¿vale la pena evidenciarlas? y, si así fuere, ¿para qué serviría hacerlo?

Convencido, como lo estoy, de que el universo funciona debido a un sinnúmero de conexiones simultáneas y entendiendo que la Tierra (este “pequeño punto azul pálido” al decir de Carl Sagan) se rige    -no podría ser de otro modo- bajo ese mismo devenir constante de interconexiones; me resulta necesario tratar de vislumbrar rasgos característicos de aquellas relaciones en las cuales los seres humanos tenemos o podemos tener incidencia.

IMG_6938

Una mano amiga para bajar la cuesta. La Calera, Colombia. 2015. Foto: Carlos Rodríguez del Toro

Lejos aún de lograr semejante anhelo, escucho, veo e imagino acciones capaces, gracias a su generalización, de inducir cambios en nuestras vidas. Reducir el tiempo bajo el agua en la ducha o comprar cada día una botella plástica de agua implica consecuencias, de diversa índole, en el medio ambiente que, a su vez, redundan en nuestra forma de vivir. De nuevo, un sistema indivisible de relaciones. En este mismo sentido, también existen ejemplos habidos en las relaciones interpersonales: están supeditadas a prejuicios, deseos, sentimientos y aprendizajes y enseñanzas heredadas culturalmente. Si bien los prejuicios resultan habituales como resultado de experiencias, diálogos y concatenaciones, el uso y la preeminencia que se les da determinan significativamente el tipo de relaciones que vivimos a lo largo de nuestra efímera existencia. En otras palabras, juzgar a priori el pensamiento o el actuar de una persona por lo que uno sabe o imagina de su lugar de procedencia, de su edad, de su aspecto, género, etcétera, es algo que suele suceder y en muchas ocasiones, este hecho impide un acercamiento genuino a la realidad de esa otra persona lo cual deriva en estancamiento, distanciamiento o conflictos, ahora bien, cómo transformar esos conflictos es otro capítulo (¡aunque de esta misma historia!).

Si esos prejuicios, infundados o no, impiden relacionarse con otros, escucharlos o cuestionar los pilares propios no habrá reparo en insultar, golpear, torturar o asesinar a quien, según dicten los prejuicios, merezca tal destino. Y si esa fuera la norma muchos serían los muertos, pocos los vivos y, entre ellos, muchos los adoloridos en su cuerpo y su sentir. Imagino (prejuzgando su postura) que ese no es el futuro anhelado por usted, por ello vuelvo al medio ambiente o, mejor aún, a los ecosistemas. Tonalidades verdes, azules y amarillas son expresión y cobijo de cientos de especies de seres vivos que, con su variedad, construyen a diario un equilibrio que renueva la existencia del planeta como hogar de vida. Pretender homogenizar nuestro pensamiento es tan suicida como un ecosistema reducido a una sola especie: la única garantía, en ambos casos, sería la desaparición total. Si, por el contrario, el temor a lo desconocido se transforma en aceptación de la diversidad de especies y pensamientos será mucho más sencillo actuar en concordancia con el respeto por la existencia de cada ser vivo.

Por último, así como gracias a la capacidad de erguirse y andar sobre dos extremidades, el horizonte ampliado de nuestros antepasados permitió su supervivencia, así mismo vislumbrar un mundo más allá de la existencia individual permitirá más acciones para lograr un equilibrio que aumente las posibilidades de supervivencia, tanto del planeta como de nuestra especie.

IMG-20150928-WA0012

En noche de luna roja. Bogotá, Colombia. 2015. Foto: Carlos Rodríguez del Toro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s